
Syren De Mer estaba limpiando la cocina cuando se dio cuenta de que su hijastro Berry Mckockiner aún no estaba listo. Empezó a buscarlo por la casa. Entonces oyó unos ruidos en el baño. Abrió la puerta y lo pilló masturbándose. ¡Otra vez! Lo jaló de la oreja hacia el sofá de la sala. Era hora de que aprendiera lo que es el sexo de verdad. La mano de otra persona se sentía tan diferente en esa gran polla. Y luego la sensación cuando una boca la toca. La chupa. Cuando baja por esa garganta. Se sentó sobre él y lo montó. Se sintió como una vaquera. Luego la folló a cuatro patas y en cucharita. Y le derramó su carga en la cara.